Autor: Nicolae Steinhardt Editorial: Sigueme Año: 2007 País: España Idioma: español Género: Prosa Tipo de publicación: Libro
traducido por Fernando Sánchez Miret y Viorica Pâtea
La escritura como Resistencia
La represión de la Revolución húngara de 1956 tuvo consecuencias que afectaron a los países del ámbito soviético. En Rumanía, se detuvo y juzgó en 1958 en el conocido proceso Noica-Pillat a varios escritores, intelectuales o, simplemente, a personas con unas inquietudes que iban más allá de la simple supervivencia o el acatamiento de lo real dado. Con el juicio las autoridades rumanas pretendían extender el clima del terror que, según ellos, determinadas acciones soviéticas, junto la Revolución en Hungría, habían relajado. Como suele ser frecuente, quiénes eran los acusados y las razones cedían su importancia al hecho político del terror. En el caso que nos ocupa la acusación se basaba en reuniones literarias periódicas que mantenían en casas de algunos de ellos. Tale encuentros intentaban derrocar el régimen, alteraban el orden público y ponían en peligro la seguridad del Estado, aunque al final el fiscal reconociera que la detención fue un hecho totalmente arbitrario. Entre los arrestados estaba Nicolae Steinhardt, judío que se convirtió al cristianismo mientras estuvo en la cárcel, y que salió libre en la amnistía general para presos políticos en 1964. Que fuera liberado no implica que fuera verdaderamente libre, sino que el recinto carcelario cambio de proporciones, pues se le pidió que colaborara con la policía secreta en la delación de enemigos del pueblo, algo a lo que se negó. Por el contrario, frecuentó a antiguos detenidos, mantuvo correspondencia con sus amigos exilados (Cioran, Ionesco o Eliade, entre otros) y mantuvo su postura religiosa durante todo el tiempo. Así las cosas, no es de extrañar que la Securitate se interesara por él, algo que se ve en los once volúmenes que se guardaban en los archivos y que incluyen todo tipo de documentos: cartas, conversaciones telefónicas grabadas, fotos, fichas de sus amigos o conocidos, etc.
El diario de la felicidad surge como una escritura posterior a su encarcelamiento, aunque trate sobre todo sus años en la cárcel. El mismo autor declara en la primera página que en la cárcel no dispuso de papel y lápiz, y que sólo después de ser liberado lo escribió. Entiende que, en cuanto ejercicio de memoria en torno a unas vivencias y los pensamientos que las acompañan, está justificado que el orden no sea lineal en todo momento. El libro es, pues, la narración de esos años (en concreto desde 1960 hasta 1971), que incluyen una conversión y bautizo, después de haber recuperado la libertad. El autor es consciente de que el hecho de su escritura a posteriori puede dar una imagen de artificialidad al Diario. Quizás no sea tanto artificialidad como una descompensación en torno a los objetivos y las razones por las que lo ha escrito, pues las primeras páginas del libro contienen más reflexiones sobre ello que el resto. El autor se ha visto en la necesidad de justificarse y explicarse en el inicio, en vez de preferir un desarrollo que dé cuenta de su vida. Esta es una opción que permite leer el libro no sólo como una autobiografía sino como un libro doctrinal, en sentido político y religioso.
Supongo que por el ambiente en el que vivió esos años, Steinhardt se aparta de una visión acomodaticia del cristianismo y se fija más en lo agónico o trágico, en línea con los grandes pensadores cristianos del siglo XX. En las primeras páginas dice: “Los verdaderos fundamentos de la concepción cristiana: el absurdo y la paradoja”. Al mismo tiempo, Steinhardt describe lo que es la tiranía: su celo en prohibir solamente algunas manifestaciones públicas o algunos pensamientos, su necesidad de que todos interioricen sus límites (aunque puedan ser cambiantes) o la posibilidad de la resistencia ciudadana mediante la ejecución lenta de las órdenes tiránicas. La tiranía, en el fondo, busca que las fronteras entre cárcel y libertad desaparezcan mediante la asimilación de la última en la primera. Se equivoca, sin embargo, pues no hay nadie más libre que quien está preso sabiéndose inocente. Quien nada tiene que perder no teme que le puedan quitar nada. Quizás incluso se pueda decir que la dictadura estimula las ganas de vivir. Acaso porque, como se señala en el Diario, la tiranía es una manifestación de una atracción por la muerte, y los hombres libres, como bien nos enseñó Spinoza, en nada piensan menos que la muerte.
Escrito por Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan
Revista Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura (82), septiembre, 2008
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